Reformulación puntual del Ideario de Unidad

PROPOSICION SUSTENTADA

Los delegados elegidos en la lista de la Izquierda Democrática y Social IDS del Polo en el exterior y por la Lista 19 así como los demás participantes de la IDS en la reunión preparatoria del Congreso celebrada en Barcelona del 23 al 25 de enero.

Considerando:

1) Que es necesario presentar ante el país un claro perfil del Polo como organización de izquierd democrática;

2) Que en tanto partido civilista de izquierda debemos propiciar una gran convergencia que obligue a las fuerzas gobiernistas a pasar a la oposición y 

que

3) Que tenemos que facilitar un acuerdo nacional por la paz  entre fuerzas diferentes y aun antagónicas para sacar a Colombia de la guerra. 

Proponemos una  reformulación puntal del Ideario de Unidad

El siguiente pasaje del Ideario de Unidad deben ser reformulado o complementado:

“Nos oponemos a la guerra y al ejercicio de la violencia como instrumento de acción política. Reconocemos la naturaleza política de la insurgencia colombiana, pero consideramos que hoy la vía de la transformación es la lucha de masas democrática y pacífica. 

“Repudiamos todas las formas de terror y de terrorismo de Estado en particular el atentado personal, el secuestro, la extorsión, las acciones armadas contra la población civil que en modo alguno son formas legítimas de la lucha de los pueblos, por lo que condenamos todo acto de esta naturaleza”. 

En el contexto de la dominación imperial, nos oponemos a la concepción de “lucha antiterrorista” que los gobiernos norteamericano y colombiano utilizan como pretexto para recurrir a métodos absolutistas y perseguir las expresiones de lucha popular que se oponen a la política imperante”.

(Todas las citas están tomadas de: http://www.polodemocratico.net/-Documentos-)

Debe decir:

(Cambios o adiciones en negrita)

“Nos oponemos a la guerra y al ejercicio de la violencia como instrumento de acción política. Reconocemos la naturaleza política de la insurgencia colombiana pero condenamos que las guerrillas hagan uso recurrente de métodos terroristas y consideramos que hoy la vía de la transformación es la lucha de masas democrática y pacífica”. 

“Repudiamos todas las formas de terror y de terrorismo de estado y de organizaciones armadas ilegales, en particular el atentado personal, el secuestro, la extorsión, la desaparición forzada, las acciones armadas contra la población civil que en modo alguno son formas legítimas del ejercicio del poder público en un estado de derecho ni expresión de la lucha del pueblo colombiano, por lo que condenamos todo acto de esta naturaleza”. 

“En el contexto de la dominación imperial, nos oponemos a la concepción de “lucha antiterrorista” que bajo el gobierno de Bush se utilizó de  pretexto para provocar guerras internacionales y recurrir a métodos represivos criminales al autorizar la tortura y los encarcelamientos extrajudiciales en Guantánamo y otros lugares.  También rechazamos la concepción “antiterrorista”   del gobierno de Uribe con su tolerancia frente al paramilitarismo y la violación de derechos humanos mientras que persigue o estigmatiza expresiones legítimas de lucha popular (como huelgas; manifestaciones; protestas y actos de desobediencia civil) que se oponen a la política imperante.

Sustentación referida al perfil programático e ideológico del Polo 

En su versión original, los pasajes mencionados del Ideario de Unidad dejan espacio para interpretaciones distorsionadas que no son compatibles con la línea general del Polo y con precisiones que con carácter oficial se han hecho en diversos momentos.

En los pasajes referidos se condena exclusivamente al Estado sin hacer mención explícita a las violaciones de derechos humanos y del derecho internacional humanitario cometido por grupos armados que se autodefinen como enemigos del Estado colombiano y de los gobiernos que lo encabezan. Presenta además la diferencia con la guerrilla como una simple divergencia de táctica y estrategia sin abordar el tema del terrorismo al que recurre la guerrilla.

La reformulación propuesta, es compatible con formulaciones puntuales expresadas directamente por Carlos Gaviria quien en su polémica con Lucho Garzón (29.02. 2008) habló de la voluntad del Polo de:

“… no salirse de los estrictos parámetros de la lucha civil, de forma que ni por lo que hagan ni por lo digan sus miembros se aticen las violencias que martirizan a Colombia”. (Esta y las otras citas de Carlos Gaviria provienen de: http://www.polodemocratico.net/-Documentos-)

Esta adhesión a la lucha civil no constituye una resignación política ni una simple expresión pacifista sino que corresponde a una apreciación de la realidad nacional y de posibilidades reales de la acción y el éxito políticos. 

Si la mayoría de los dirigentes del Polo considerara que hoy en día en Colombia no hay espacio para la lucha civil no le asignarían a ésta la jerarquía que tiene en los Estatutos y en diversos pronunciamientos. 

Es cierto que hemos vivido bajo el régimen de Uribe un gobierno represivo de derecha apoyado por una abrumadora mayoría parlamentaria apuntalada por una criminal “parapolítica” pero también por amplios sectores de la población que avalan ante todo su lucha contra las FARC. Uribe mismo  ha incurrido en muchas arbitrariedades y se ha colocado, más de una vez, en contravía de la Constitución. Pero también es cierto que; contra la voluntad presidencial, han estado más activas que nunca la oposición política, la opinión independiente en la prensa y las organizaciones sociales y de víctimas y la justicia. También es cierto que los controles institucionales no han perdido su función. Es por eso que la lucha civil hoy en día no es una quimera ni es un suicidio político. La argumentación de la insurgencia insiste en cambio en que no solo Uribe es fascista sino el sistema político colombiano en general y que por ello la represión no deja ningún espacio para la oposición en la legalidad. Aquí no importa la objetividad sino ante todo la justificación de la lucha armada como única salida efectiva. 

Es cierto que en algunas regiones se formaron, y en algunos casos persisten, alianzas criminales entre paramilitarismo, políticos reaccionarios, narcotraficantes y funcionarios del Estado, que forjaron poderes locales de corte fascista donde prácticamente se eliminaron los derechos políticos y sociales. Pero aún así este perverso plan se pudo frenar porque en el resto del país hubo espacio para la lucha civil e incluso para el funcionamiento de los controles institucionales así estos hayan sido debilitados. 

Todo el debate contra la “parapolítica” fue la reacción de la civilidad colombiana contra el crímen y allí el Polo jugó un papel destacado.  Esto fue posible porque en Colombia hay un acumulado histórico democrático que no sucumbió ante el avance reaccionario uribista y paramilitar y además porque la Constitución de 1991 puso en manos de las fuerzas progresistas todo un instrumental para avanzar hacia la democracia política y social, instrumental que no pudo ser desmontado por el gobierno. Además Uribe no solo ha estado sometido a la vigilancia de la oposición política sino de diversas instancias de la sociedad civil dentro y fuera del país así como de instituciones internacionales. 

En aras de la agitación política de oposición no debemos restar significado a los instrumentos políticos legales que hemos utilizado desde nuestra situación de minoría. Tenemos que convencer a la mayoría del pueblo de que sí puede ser actor del cambio y que para ello podría usar los instrumentos que la constitución pone a su disposición.

En medio de estas circunstancias negativas y positivas propias de un régimen político híbrido, atravesado tanto por factores antidemocráticos como también democráticos,  se ha comprobado que la propuesta civilista puede avanzar. En cambio la oposición armada y la vieja propuesta de la izquierda tradicional de combinación de todas las formas de lucha se han debilitado política y militarmente como nunca antes y desde el punto de vista de la ética política se han vuelto impresentables. 

Se puede decir que el gobierno reaccionario imperante no ha podido reducir y homogenizar al sistema político colombiano que no es sólo su ordenamiento legal sino también los partidos, movimientos, grupos sociales, prensa, etc.

Ante esta situación el Polo debe afirmar su carácter de partido de izquierda civilista y democrático. Pero es innegable que en el discurso de algunos sectores del Polo se presenta el diagnóstico de la situación del país y la táctica del Polo como si estuviéramos ante una crisis política que conduce a una revolución. Ignorando lo que ha pasado en los últimos virajes a la izquierda en Latinoamérica, donde el factor mayoría y el uso de instrumentos legales han sido decisivos para llegar al poder, piensan que en Colombia podemos ahorrarnos ese trabajo de construir mayorías y suponen que la derecha colombiana no está fortalecida sino que vive una crisis asimilable a la que en otros países latinoamericanos contribuyó al triunfo de la izquierda. 

En este sentido es más objetivo hablar, en el tercer párrafo citado, de métodos represivos criminales de Bush y Uribe en lugar de hablar de “métodos absolutistas” sin más delimitaciones que significaría la eliminación de la oposición y de la crítica y eso no ha sucedido ni en Estados Unidos ni en Colombia. Aclarar puntos como este no es un simple ejercicio retórico sino intentar resolver confusiones que surgen dentro del Polo ya no solo en el mensaje agitacional sino en la acción.

En la controversia con Lucho Garzón, Carlos Gaviria habló de: 

“la lucha degradada de una insurgencia, identificada paradigmáticamente con las FARC, con la que se empecinan en vincularnos contra toda evidencia y no obstante las permanentes y explícitas declaraciones de condena a esa organización armada y a sus horrendos crímenes de guerra y de lesa humanidad”.

Sin embargo la posición frente al asesinato de los diputados del Valle no fue explícita sino desastrosa pues en su primera versión eximía a las FARC de toda culpabilidad. Frente a las movilizaciones del 4 de febrero solo a última hora la dirección del Polo decidió convocar un acto propio al cual por demás le dieron la espalda aquellos polistas que querían ante todo descalificar la movilización contra el secuestro y las FARC. La confusión dejada no se alcanzó a despejar en las movilizaciones del 6 de marzo que ante muchos sectores de la opinión pública apareció como un anti-4 de febrero. Luego, el 20 de julio de 2008 sólo una parte del Comité Ejecutivo (incluyendo a Gaviria) se comprometió a salir a la calle mientras que otros sectores del Polo criticaron esta decisión. Pero además de estos hechos puntuales en los cuales se ha desdibujado la imagen civilista y democrática del Polo se da el caso que frecuentemente el discurso del Polo en boca de algunos dirigentes y militantes reproduce simplemente el diagnóstico que hace las FARC de la situación nacional. 

El discurso político del Polo ha estado afectado de ambigüedad y esta falencia hay que superarla.

El perfil del Polo no es  independiente de lo que dicen y hacen sus dirigentes y militantes. Y lo cierto es que si bien un sector de la izquierda colombiana ha hecho un balance crítico de la historia de la izquierda a nivel nacional e internacional y ha emprendido el camino de reformular los objetivos y los métodos mientras que otros siguen considerando que la historia les ha dado la razón y no han renunciado a esa convicción. La convergencia de esos dos bloques de la izquierda en el Polo no fue producto de un debate ideológico saldado a nivel del programa político sino que fue una unidad presionada  por las urgencias políticas que nos imponía el establecimiento. Hubo más pragmatismo que teoría o discusión programática. Todos fuimos de alguna manera optimistas con el nuevo experimento pues se suponía que la izquierda había dado un  cambio cualitativo o lo iba a dar. Testimonio de ese optimismo es el siguiente pasaje de Carlos Gaviria en la ya aludida polémica con Lucho Garzón:

“No está dentro de la agenda del partido catalizar o materializar un proceso revolucionario en el país. Quienes han militado en partidos u organizaciones políticas que han tenido en mente esa meta, al incorporarse al Polo han tenido que renunciar a ella y trocarla por el empeño menos ambicioso pero también más realista y pacífico de proponer y llevar a término, por los canales democráticos, reformas económicas y políticas profundas, sin las cuales la afirmación de que Colombia es una democracia no es más que una mentira enorme, ni siquiera piadosa sino impía”

Es evidente que algunos sectores de la izquierda dentro del Polo están lejos de dar el paso que Carlos Gaviria supone que está dado.  

Por otra parte es innegable que la diferenciación que hizo en 2007 el jefe de las FARC Reyes en Anncol de los dirigentes del Polo entre revolucionarios consecuentes  y socialdemócratas traidores (Lucho, Navarro, Petro) si bien fue criticada en una comunicación del Comité Ejecutivo del Polo, constituye una argumentación que fue retomada por algunos dirigentes polistas que la mantienen vigente por más que Carlos Gaviria diga que no hay tal diferenciación entre ”revolucionarios” y “reformistas” sino pluralismo.

La reformulación que proponemos de la parte introductoria del Ideario de Unidad no es suficiente en si misma para aclarar el rumbo del Polo pues se refiera solamente a una parte de un programa general. Pero sí es necesaria.  La reformulación aquí propuesta tiene entonces como objetivo fortalecer el carácter del Polo como una fuerza de izquierda democrática que se sustenta en unos mínimos irrenunciables frente al sistema imperante pero también frente a la guerrilla y a la tesis de combinación de todas las formas de lucha.

De lo dicho en torno a la necesidad de presentar un claro perfil del Polo se desprenden que hay dos posibilidades de lograr este cometido: 

a) El Polo se convierte en un partido de izquierda democrático, con claros límites frente a la derecha pero también frente al ultraizquierdismo, con programa e ideología decantados dentro de los cuales hay espacio para tendencias pero no para practicar la “combinación de todas las formas de lucha”.

b) El Polo se organiza como un frente de partidos, organizaciones, tendencias y corrientes que reconociendo divergencias de gran calibre, se unen sin embargo puntualmente en torno a un programa mínimo de acción pero que conservan su indepenencia ideológica programática y organizativa. Se trataría en este caso de mantener dos discursos, acciones independientes y también posiciones acciones puntuales comunes.

El artículo 9 de los Estatutos exige: 

“No pertenecer simultáneamente a otro Partido o movimiento político con personería jurídica.” 

Aquí la formalidad jurídica se puso por encima de lo sustancial. El problema es que hay partidos sin personería que tienen programas e ideologías no solo diferentes sino divergentes. 

Un mínimo de realismo indica que el camino organizativo que se está dando en el Polo de hecho, pero no formalmente, es el de un frente. Partidos como el Moir y el Partido Comunista,  siguen actuando con  independencia organizativa y con visiones particulares “revolucionarias” o de “combinación de todas las formas de lucha” dentro del Polo. En este caso el sector de izquierda democrática para no diluirse y desdibujarse en ese frente, debe presentar un perfil bien definido y mantener su independencia organizativa dentro del frente. 

Sustentación referida a la conformación de una convergencia que desaloje al uribismo del poder y lo obligue a convertirse en oposición.

Lejos de acomodarnos a la situación actual o de simplemente dejar testimonio de nuestra inconformidad con el sistema, el Polo debe conformar una mayoría que permita colocar a la derecha gobernante en la oposición. 

Esa mayoría está por conformarse y lograrlo depende en gran parte de que millones de compatriotas se convenzan de nuestro compromiso con los métodos democráticos tanto para llegar al poder como para ejercerlo. 

Dado que tanto el Polo como la guerrilla impulsan discursos de oposición cabe siempre el peligro de que se confundan nuestros mensajes e  intenciones. Es decir, cabe el peligro real de que partes de nuestro discurso aparezcan como “atizando” la violencia.

Para el pueblo colombiano debe ser claro dónde busca el Polo sus aliados así como debe ser claro que no atiza ni disculpa la violencia.

El Presidente del Polo considera que dentro del partido ya ese tema está aclarado y que solo le interesa revivirlo a los adversarios situados en la derecha. 

Concretamente ha dicho Carlos Gaviria lo siguiente:

“Una táctica exasperante de quienes ven en el Polo un partido de oposición en trance de volverse gobierno, consiste en imputarle la defensa encubierta de la combinación de todas las formas de lucha. Con ella se han propuesto no sólo desacreditarlo ante la opinión pública nacional e internacional sino suscitar dudas en su interior con respecto a quienes proceden de organizaciones o partidos políticos que han adherido a esa doctrina, del todo incompatible con un partido democrático, con el propósito de menoscabar un proceso unitario que miran con temor inocultable.

Hoy es preciso reiterarlo con más fuerza que nunca: filosófica y programáticamente el Polo desecha y condena el empleo de las armas y de cualquier modalidad delictiva para lograr el poder y materializar las reformas profundas que, a su juicio, el país demanda.

La sola pertenencia al Partido tendría que dar fe de esa renuncia unánimemente decidida como condición no negociable de la Unidad y del Ideario compartido. 

Pero si aún quedan dudas razonablemente fundadas, yo convoco cordialmente, pero de modo terminante, a quienes tengan la más leve reticencia al respecto a que las ventilen y discutan en un ámbito diferente al del Polo, porque dentro del mismo el tema es asunto concluido”.

Pero fue dentro del Polo, por las fechas de la campaña electoral para cuerpos colegiados y en medio de la polémica con Petro, que Carlos Gaviria tuvo que distanciarse en una entrevista radial de las posiciones sostenidas por Athemay Sterling quien intentaba disculpar con artificios retóricos el asesinato de las FARC de los Diputados del Valle. Y el refutado era nada menos que candidato a la Asamblea Departamental del Valle, apoyado por la oficialidad del Polo y engrandecido como candidato por Anncol mas no así por el electorado. Valga este ejemplo para mostrar que la claridad y deslindamientos propios de Carlos Gaviria no son los de otros dirigentes. 

Es por eso que, dada la tradición que tiene en sectores de la izquierda colombiana  la tesis de la “combinación de todas las formas de lucha” sería entonces de gran ayuda una declaración formal de rechazo a la misma por parte de quienes figuran, incluso con cierto orgullo, como padres históricos e ideológicos de esa tesis. 

La reformulación que proponemos en el Ideario de Unidad es coherente  con la propuesta para desalojar por medios legítimos a la derecha uribista de la dirección del aparato estatal. 

Dado que la parapolítica constituye una práctica nefanda para el país y que de ella se lucra el gobierno actual, tenemos que llamar a superar ese capítulo mediante un mensaje a los sectores populares, a la oposición política burguesa, a sectores de los partidos tradicionales que están en la oposición o tienden hacia ella, en general a toda la sociedad. 

Estamos contra el uribismo porque rechazamos la parapolítica. Es claro que un frente antiuribista no alcanza a recoger todo nuestro programa democrático ni todo nuestro rechazo al neoliberalismo y menos nuestra crítica al capitalismo, pero sí le abre camino al cambio democrático en Colombia. 

Petro ha formulado tres puntos dentro de una propuesta para ser discutida con las demás fuerzas políticas antiuribistas y con el movimiento social: 

“Separar la política y el Estado del crimen. Separar las tierras fértiles de las mafias. Y separar la Política Social del mercado”.

El acuerdo electoral sería entonces para superar tres graves problemas nacionales, propiciar una transición política y de paso asegurarnos una participación en un gobierno posturibista.

Una propuesta así es coherente con los propósitos inmediatos de una izquierda democrática: correr el bloque de poder de la derecha al centro político y participar como cogobierno. La izquierda tradicional y la misma agencia de noticias proinsurgente Anncol, han considerado que unirse con el centro es volverse “centrista” o “uribista” y renunciar a una posición de izquierda. 

Quisiéramos responder  a algunas personas que desde posiciones independientes y bien intencionadas han formulado objeciones a un acuerdo electoral:

a) Porque implica una alianza no solo con fuerzas nuevas y reformistas sino también con un partido tradicional, el liberal.

Respuesta: El partido liberal no está en el poder pues éste está ocupado por los partidos uribistas y por el partido conservador.

Por otra parte hay que recordar que con el partido liberal o con sectores de él ya ha habido acuerdos para elegir en dos ocasiones alcalde de Bogotá. Hubo también una acción común contra el primer referendo que propuso Uribe.

b) Hay el peligro de que los potenciales aliados no respondan o, como en el caso ya manifiesto del partido libeal, intenten encabezar la convergencia.

Respuesta: Ya el procedimiento de enviar un mensaje a los otros partidos, organizaciones sociales y personalidades, es una forma de hablarle a la ciudadanía con el fin de ganar apoyo a nuestra fuerza y nuestra candidatura misma. Sobre la base de un acuerdo mínimo y una consulta popular abierta, podemos escoger la fórmula para la candidatura presidencial. En las demás elecciones para cuerpos colegiados mantendrá el Polo, lo mismo que cualquier otro partido de la convergencia, su independencia y listas propias.

c) Es posible que por distintos motivos otras fuerzas formulen un programa antiuribista pero alejado de los tres puntos de la propuesta de Petro.

Respuesta: Ya una discusión programática de cara a la sociedad solo puede traernos beneficios. Rechazar nuestra propuesta programática tendrá un costo para quien lo haga. Para sacar adelante una candidatura presidencial única que desaloje a la derecha del gobierno es probable que tengamos que hacer algunas concesiones al centro. En este caso, al país debe quedarle claro el por qué y el  para qué de nuestra táctica.

El acuerdo antiuribista impulsaría el proceso político en dirección a la meta consignada en el Artículo 5 de los Estatutos que dice: 

“Son fines del Polo la construcción de una democracia participativa real donde prime la igualdad social, la defensa del espíritu democrático de la Constitución Política de 1991 y del Estado Social de Derecho”.

Argumentación desde el propósito de lograr un acuerdo nacional por la paz 

El punto de partida de nuestra idea de un proceso de paz está contemplado en el “ideario de paz” del Polo que dice:

“Se definirá un marco legal de verdad y justicia que recupere la verdad histórica, reivindique la memoria, supere la impunidad, garantice una reparación económica, política, cultural y moral a las víctimas y reconozca la responsabilidad estatal cuando fuere pertinente”. 

La pregunta es si hay que esperar a que seamos mayoría y manejemos el gobierno o si desde antes se puede avanzar en esa dirección. 

El frente electoral contra la derecha y el acuerdo nacional por la paz son propósitos relacionados pero no idénticos.

El frente electoral es para cogobernar y llevar a la derecha uribista a la oposición. Si triunfamos tendrá más posibilidades el impulso a un acuerdo nacional por la paz. Este acuerdo es para lograr condiciones civilizadas para la confrontación política y las luchas sociales. El acuerdo por la paz es mucho más que una serie de acuerdos humanitarios pues tiene que ver con la superación de la violencia y apunta a una negociación política con las FARC y el ELN. En esa negociación hay que comprometer a la derecha colombiana y concretamente al uribismo,  sea que esté en la oposición o que siga en el gobierno.

El acuerdo nacional por la paz involucra a fuerzas que no van a conciliar programas sino solamente a asegurar la desmilitarización de la acción política. 

Para este propósito tan anhelado por la nación, las diferentes fuerzas y sectores deben concertar el mínimo de justicia, verdad, reparación y reconciliación que sirvan de cimiento a la superación del conflicto armado interno.

Simplificando se puede decir que el acuerdo electoral se hace entre amigos reales y potenciales mientras que el acuerdo por la paz debe ser entre adversarios e incluso entre enemigos.

Cuanto mayor sea nuestro distanciamiento de la guerrilla mejor será nuestra posibilidad de impulsar un acuerdo nacional que le ahorre a la sociedad una agudización del enfrentamiento bélico y que le posibilite a la guerrilla su inserción en el jugo político democrático.

Conclusión

Reformular el Ideario de Unidad en el sentido que proponemos es un ajuste programático necesario para lograr una unidad partidista fundada en una clara identidad política que ayude a fortalecer nuestra posición dentro de una acuerdo electoral antiuribista  y a potenciar nuestro aporte a una política de acuerdo nacional para la paz. 

Hay otros aspectos del programa político del Polo incluidos en el Ideario de Unidad que se refieren a las reformas en los campos económicos, sociales y de relaciones internacionales que hay que ratificar en lo fundamental y que también ganarían relevancia con la reformulación de principios propuesta.

Propuesta presentada por Miguel Gamboa